The Ratzinger Times

Ir hacia los bandidos

“Tanto va la creencia a la vida, a lo que la vida tiene de más precario, la vida real, se entiende, que finalmente esta creencia se pierde. El hombre, ese soñador definitivo, cada día más descontento con su suerte, examina con dificultad los objetos que le han enseñado a utilizar, y que ha obtenido de su despreocupación, o su esfuerzo, casi siempre su esfuerzo, pues ha consentido en trabajar, al menos no le ha repugnado aprovechar las oportunidades (¡lo que llama sus oportunidades!). Una gran modestia es ahora su parte: sabe cómo son las mujeres que ha poseído, sabe cómo fueron las risibles aventuras que emprendió; su riqueza o su pobreza son como nada, en este aspecto es como el niño recién nacido, y respecto de la aprobación de su conducta moral, admito que prescinde de ella cómodamente. Si conserva algo de lucidez, no puede más que volver sobre su infancia, y por mucho que los cuidados de sus educadores la hayan destrozado, no le parece menos llena de encantos. En la infancia la ausencia de todo rigor conocido le ofrece la perspectiva de múltiples vidas vividas al mismo tiempo; se aferra a esta ilusión; sólo le interesa la facilidad momentánea, extrema, de cualquier cosa. Cada mañana los niños parten sin inquietud. Todo está cerca, las peores circunstancias materiales son excelentes. Sean los bosques blancos o negros, no dormiremos nunca.”

Enviado por Miriam Marin

Filed under: políticas, textos

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