The Ratzinger Times

El monarca ceceante

Este 22 de Diciembre se presenta el 3/4 número de El Pez Globo dedicado a las letras CD. En él han colaborado Estelle Talavera Baudet, Jara Aithany y Bigote Sucio, Ricardo Cavolo, Julia Morer, NotThisBody, Franha, Mar Soro, Albert Jódar,  Bárbara Vidal, Gonzalo Aguirre Gómez Corta, Álvaro Ortiz, Alfredo Aracil, Escoitar, María Gil, Francisco Rojo, Alberto Montt, Por_Amoral_Arte (Gema y Pau),  Andrés Barba, Cromántico (Luishock y Franha), Álvaro Collado y Mikel Iribarren.
Para Pez Globo CD mandé este texto sobre el ceceo.

 

«La palabra es mitad de quien la pronuncia,
mitad de quien la escucha»

Montaigne

Se cuenta en América que el ceceo, que allí se refiere a la diferencia entre los sonidos /s/ y /θ/, fue una imposición de un monarca que no sabiendo pronunciar la s, obligó a sus súbditos a usar la c. Esta leyenda es la explicación desinformada de un fenómeno, pero también sugiere una metáfora muy ilustrativa. Si la Real Academia de la Lengua Española puede entenderse como estandarte del imperialismo cultural español, esta dominación legendaria del Monarca Cececante dentro de la península, se presenta como una explicación a menor escala de un proceso de dominación intercontinental.

La leyenda se atribuye a veces a Alfonso X el Sabio, cuya estatua vigila junto las de Cervantes y Nebrija las puertas de la Biblioteca Nacional, institución que comparte edificio con el Museo Arqueológico Nacional donde se conserva, entre otras cosas, La Dama de Elche; insignia por antonomasia de la cultura española. Conforman un programa iconográfico en la Plaza de Colón junto a la estatua de este último señalando América en los Jardines del Descubrimiento, precioso eufemismo de ese monumento al Holocausto. En el centro del jardín se levanta la gigantesca bandera que hace de todo el enclave una celebración espeluznante.

Asignar la leyenda a tan representativo personaje se hace imposible puesto que las normas gramaticales que produjeron en ceceo son posteriores a su reinado. Por eso otros asumen que la leyenda alude a Felipe II “ese rey simpático que ceceaba el pobre”. Qué mejor que este ejemplo para representar la dominación cultural peninsular sobre los hispanohablantes. Por desgracia también es falso.

El ceceo, no es solamente la acepción que recibimos algunos hispanohablantes peninsulares por parte de los americanos; también se refiere a los hablantes de ciertas zonas del sur de la península situadas entre Huelva y Cádiz pasando por Sevilla. Para hacer resonar este ceceo debemos recurrir a otro personaje de iguales connotaciones históricas en su versión más cómica. Poncio Pilatos fue representado por Monty Python en Brian Life, como lo que ya podemos ir llamando el tópico de Monarca Ceceante. El ceceo de Pilatos era objeto de burla para sus súbditos judíos, esos mismos que eran obligados a corregir las frases mal escritas a correcto latín, por los soldados que también se reían del gobernador.

El ceceo es considerado comúnmente como una incorrección digna de mofa en el Estado Español y una ley irracional fuera de este. Pese a lo interesante de estas cuestiones, hay algunas razones para explicar este sonido. El sonido /θ/ es un fonema fricativo sordo que no estaba sujeto a normas únicas en la edad media. Existían tres tipos de normas, la burgalesa, la toledana y la sevillana, en las que no sonaba de la misma manera las consonantes sibilantes. Cuando la norma toledana desapareció permanecieron la burgalesa, a partir de la cual se establecieron las diferencias sonoras de estas letras, y la Sevillana que no hacía una diferenciación clara.

Pese a esta historia en 1979 Lázaro Carreter en sus libros de B.U.P., hacía saber a los adolescentes hispanohablantes que el ceceo “se trata de un fenómeno andaluz, extremadamente plebeyo y absolutamente evitable”. Ese plebeyo es el que nos interesa, porque denota de puño y boca del sacrosanto filólogo y director de la R.A.E., que el progreso en el habla se entiende como efecto del prestigio, o para hablar mejor, de la distinción de clase.

La historia del ceceo se sigue escribiendo como una lucha entre las normas escritas y sus realidades orales que, por definición, constituyen el estado primigenio de toda lengua. Pero sobre todo denota la historia de la dominación de los sonidos por los signos, de la interiorización de las letras como una corrección tan abusiva como incomprensible.

Filed under: aural, textos

2 Responses

  1. jorge says:

    Wow, monumento al holocausto, que manera más absurda de referirse a ese acontecimiento, acontecimiento por cierto que cambió el mundo, para muchas cosas malas, pero también para muchas cosas buenas. Un abrazo.

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