The Ratzinger Times

La Voz en Corman-Poe-Price

¡¡panopticos!! by espejo_s

Hace unos 2 años mezclé este tema de Boards of Canada y El hombre de los ojos biónicos (título que llevó en Latinoamérica). Sí, en la que el primer plano son unos ojos hirviéndo en un tuvo de ensayo. La cosa quedó muy cutre, pero explica bastante bien lo que sigo pensando de esta película y de otras de Corman. La luz como método de control, la visión hegemónica. Por algo el actor fetiche de Corman era Vincent Price, un actor que grabo discos leyendo a Poe y otros poetas norteamericanos. The sounds of Vincent Price es el título de una página que archiva la documentación de su voz y que a mi me parece fundamenteal.

Algo así debíeron pensar James Whiton y William Goldstein cuando escribieron el guión de El abominable Dr Phibes, en la que Vicent Price interpretaba a un no-muerto que había resintetizado su voz por medio de sus conocimientos musicales.
El momento en el que Price enchufa su garganta a una especide de fonógrafo y amplifica amenazando a Joseph Cotten sala una película más que mediocre.
El Dr Phibes es el personaje secuela de la saga de Corman-Poe-Price, una saga plagada de sonidos sospechosos de entre los que podemos destacar el tintineo del reloj de La Mascara de la Muerte Roja que deja a los invitados del príncipe Prospero hechizados mietras pasa el tiempo de su cuartentena.
La voz de Ligeia que atormenta (como me gusta usar esta palabra), que Atormenta a Verden Fell en La Tumba de Ligeia, aquél hombre que por su estado debía proteger sus ojos de la luz para vivir en semipenumbra. El oído sobrenatural de Roderick en La caída de la casa Usher.
Y claro está, El Péndulo de la Muerte, otra vez el pédulo del atormentado Vincent Price que esta vez no es Próspero sino Nicolas Medina, ese hombre que esconde el terror de la muerte en los ojos de una torturada.

Siempre estaban allí los ojos. Mirar y ser visto en estas películas siempre es motivo de sospecha. Frente al color excesivo de los títulos de crédito, los ojos aparatosamente abiertos de Vincent Price con un glope de orquesta son motivo de terror y de pesadilla. La mirada que oculta siempre el misterio de Poe mietras una voz, un rumor, los arañazos deseperados en la piedra y los tintineos mecánicos, traen al plano de la película esa verdad escondida.

No es que Corman confiase en el sonido, es que desconfiaba de la mirada. Los ojos hiviendo al inicio de El hombre de los ojos biónicos, y sus títulos de crédito tan coloridos son más bien la llamada a abrir las puertas de la percepción de The Trip. Esos ojos de X hierven en LSD, está claro, esos ojos que ven hasta el infinito. Y aquí es donde se le pueden buscar los tres pies al gato negro. Corman no desconfía sólo de la imagen, desconfía de la manera en que funciona la visión y el hemisferio izquierdo de su cerebro que el LSD tiene la capacidad de atrofiar.

En el siguiente video Jill Bolte Taylor explica como un infarto cerebral, un momento en el que el hemisferio derecho de su cerebro en el que está la sensorialidad no-codificada y el oído se apropian del racional izquierdo. Los que hayan tomado LSD se darán cuenta que aquella melopea, se parecía bastante a un infarto cerebral.

Pese a los convencionalismos de género de Corman, creo que en las películas Corman-Poe-Price hay algo más que interesante sobre la voz, sobre la voz como significante, como forma de los relatos de Poe y como hilo argumental de estas adapataciones. Quizás lo más interesante sea la figura de Vincent Price, un hombre famoso por ser locutor, que fue actor de radionovela antes que de cine en una época en que había radios en lugar de televisores en las casas. Un hombre que trabajó con Orson Welles en la época en que este tramaba La Guerra de los Mundos.
Corman supo muy bien como dominar el imaginario colectivo usando la voz de Price para dar forma a los personajes de un escritor tan importante en Esatados Unidos como lo era Poe.

Su voz estuvo en otro hito de la cultura como fue Thriller de Michael Jackson. Su voz resonó como icono del terror y el misterio hasta 1990, cuando Tim Burton hacía con Price en Eduardo manos tijeras lo que Ed Wood había hecho con Lugossi, para luego hacerlo autobiografía en su otra película sobre el cineasta Z. Burton se veía como Wood, e imaginaba el cariño a Lugossi como el que él le tuvo a Price, de ahí esa excesiva amabilidad en el retrato.

Filed under: audiovisual, aural, infierno, panopticos

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